El alcalde Luis Eduardo Garzón comenzó esta semana una 'guerra sin cuartel' contra un millón de bogotanos y visitantes que utilizan vehículos particulares para movilizarse por la ciudad.

Erradicó los vehículos de las calles del centro histórico y quiere incrementar el impuesto de rodamiento y el valor de los peajes en las entradas a la capital. Además, planea cobrar cifras que él mismo califica como exorbitantes por el uso de las bahías de parqueo.

Con estas medidas, observan varios concejales, Garzón parece más 'peñalosista' que el mismo ex alcalde Enrique Peñalosa, artífice del Pico y Placa y del Día sin carro en Bogotá. "No vamos a titubear para desmotivar el uso del carro particular", explicó.

El objetivo del Alcalde es que los vehículos se queden en los garajes y que los conductores se movilicen a pie, en bicicleta, en busetas y colectivos o en TransMilenio.

Cientos de propietarios y comerciantes que se sienten bajo persecución del Alcalde ahora sienten que tener carro se ha convertido en un nuevo delito.

La lucha de Garzón contra los vehículos de cuatro ruedas se encendió el pasado lunes, cuando la Corte Constitucional avaló el uso de las bahías de estacionamiento. El Alcalde advirtió que, aún sin saber cómo, ni cuándo, ni bajo cuáles circunstancias, habilitará el parqueo en esos espacios, pero con precios impagables.

"Es posible que renazcan las Zonas azules, pero no para motivar la promoción del carro privado, sino para desmotivarla. Pero la idea es cobrar. Podemos ponerlas bien costosas para que no necesariamente sean utilizadas", sentenció el Alcalde.

En la ciudad hay más de 400 bahías que pueden ponerse en servicio para parquear.

Guillermo Botero, director de Fenalco, rechazó el anuncio del Alcalde y lo calificó como sin sentido: "Se le ha cogido odio al automóvil, sin darse cuenta de que es una herramienta de movilización y de trabajo", dijo.

En julio de 2004, el Alcalde ya había dado muestra de sus propósitos. En esa ocasión, Garzón amplió los horarios de Pico y Placa para vehículos particulares con el argumento de evitar la congestión que generaban las nuevas obras de TransMilenio y la promesa de volver al horario normal un año después. Pero no cumplió.