El cuello casi no alcanza para subir la mirada a la impresionante cúpula de entrada del Museo Bode.
Desde aquí uno puede elegir, o más bien perderse entre la laberíntica geografía de uno de los museos más ricos y anárquicos del mundo.
Cuantas veces no lo vimos, desde barcos, puentes y postales, a este enorme y fastuoso museo que, como una quilla redonda, parte el río Spree en dos y ahora por fin podía verse por dentro.
Aquí está la mayor colección de esculturas del mundo, desde el medioevo hasta fines del siglo XVIII.
Arte bizantino, obras del barroco y el renacimiento italiano, holandés, alemán, español y aún la mayor colección de monedas y medallas del orbe.
Sesenta y seis salas con 1.700 esculturas y pequeñas obras, más 150 pinturas y las 4.000 monedas no son pieza fácil para una visita; menos aún porque el museo se abstiene de toda disciplina geográfica, de prescribir una ruta.
De repente se camina, se topa con una pequeña puerta, que podría ser, quien sabe, una salida de emergencia o la entrada a los baños y se abre, esplendorosa, una nueva sala.
Rarezas
Quizás el mayor encanto de este Museo Bode es el de evitar los nombres geniales e invitar más bien a las obras geniales.
Las esculturas no las hay sólo en mármol, sino en madera, metal, marfil, trabajos a veces de un rigor maniático para vencer su material y de una delicadeza inaudita en la expresión de sus personajes.
Las historias del cristianismo y de la mitología greco-latina son los grandes personajes de la colección de esculturas, algunas rigurosas y trágicas, otras sorprendentemente sensuales.
La colección de monedas es un curioso viaje a las no menos curiosas costumbres del comercio de los hombres.
Hay piezas tan intrincadamente labradas que cuesta trabajo pensar que se pudieran hacer dos de ellas.
Hay otras enormes, como una moneda sueca de 15 kilos ymedio metro de largo, del siglo XVII y otra, de Asia central, apenas visible y acuñada 600 años antes de Cristo.
La isla completa
Con la apertura del Museo Bode son por fin accesibles los cinco grandes museos de la llamada "Isla de los Museos" de Berlín.
El Pergamon, el Viejo y Nuevo Museo, la Vieja Galería Nacional y el Museo Bode mismo, todos, dentro de una superficie de 60 mil metros cuadrados en el centro de Berlín.
Se espera que por lo menos 12.000 personas por día visiten el complejo de museos.
Seguramente los visitantes de la capital alemana insumirán buena parte de sus deberes turísticos de un plumazo tras un, a todas vistas, agotante recorrido por la "Isla".